Por Jennifer Mathes, Ph.D., directora ejecutiva de Online Learning Consortium
Se les pide a los líderes de la educación y el desarrollo laboral que integren la IA, pero el trabajo más importante no es técnico. Es cultural.
Los líderes más eficaces están creando entornos donde la adopción de la IA no solo es estratégica, sino también centrada en el ser humano. Están creando un espacio para la confianza, impulsando la curiosidad y alineando la innovación con el propósito, garantizando que la IA no solo se instale, sino que realmente se arraigue.
Comencemos con una verdad que sigo escuchando y diciendo en conversaciones con líderes de aprendizaje: el éxito de la IA depende más de la cultura que de la tecnología.
Ya sea un distrito escolar que se adapta a nuevas políticas tecnológicas, una universidad que replantea una evaluación o un equipo corporativo de Formación y Desarrollo que explora la automatización, existe un reconocimiento compartido de que la IA ya está aquí. Y el verdadero desafío no es solo qué herramientas usamos, sino cómo lideramos el cambio.
En mi trabajo y en las conversaciones en diferentes sectores, he visto que los líderes más eficaces no se apresuran a implementar. Están construyendo las bases culturales que hacen posible la innovación. Están construyendo culturas de aprendizaje basadas en la confianza, la curiosidad y la innovación con propósito, y lo hacen con intención, no por impulso.
La confianza empieza con la transparencia y la colaboración.
Educadores, personal y estudiantes se plantean preguntas importantes sobre la IA: ¿Qué significa esto para mi trabajo? ¿Puedo confiar en estas herramientas? ¿Cambiará la IA la experiencia de aprendizaje, para bien o para mal?
Y merecen respuestas honestas, o al menos, conversaciones honestas.
La confianza no surge de planes de implementación ni de demostraciones de proveedores. Crece cuando las personas se sienten escuchadas y respetadas. Cuando los líderes se detienen a interactuar con sus comunidades antes de finalizar políticas o lanzar pilotos, envían una señal contundente: Estamos construyendo esto con ustedes, no para ustedes.
Este tipo de construcción de confianza puede comenzar con acciones sencillas y colaborativas. En entornos educativos de primaria y secundaria, involucrar a los equipos de liderazgo docente desde el principio puede ayudar a presentar la IA como una herramienta para apoyar, no reemplazar, a los educadores. En la educación superior, el profesorado y el alumnado podrían colaborar en el desarrollo de principios o directrices compartidos para el uso responsable de la IA. Los equipos corporativos de Formación y Desarrollo podrían invitar a los primeros usuarios a probar las herramientas y ofrecer su opinión antes de implementarlas a mayor escala. Estos enfoques no solo revelan información valiosa, sino que también refuerzan la idea de que la integración de la IA se hace con las personas, no para ellas.
Estos esfuerzos requieren tiempo, pero valen la pena. Porque cuando las personas confían en el proceso, es mucho más probable que se comprometan con el resultado.
Y no se trata solo de incluir a diferentes partes interesadas. También se trata de coherencia. La confianza se refuerza cuando las decisiones de liderazgo se alinean con los valores organizacionales, especialmente en temas como la privacidad de los datos y la integridad académica.
Para que la IA tenga un papel significativo en el aprendizaje, debe implementarse de forma que refleje la cultura que queremos preservar, no solo los sistemas que queremos mejorar.
En un momento de cambios rápidos, la curiosidad es más que una mentalidad: es una estrategia.
A menudo escuchamos la frase «aprendizaje permanente», pero ¿con qué frecuencia la modelamos nosotros mismos? A medida que la IA evoluciona, no es realista esperar que todos los educadores, profesores o formadores se conviertan en expertos. Pero sí es realista, y poderoso, crear espacios para la exploración.
Algunas maneras de fomentar esa cultura de exploración pueden ser sorprendentemente sencillas. Por ejemplo, las escuelas podrían organizar «círculos de aprendizaje de IA» donde los profesores puedan probar herramientas juntos y reflexionar sobre lo que funciona. Un departamento universitario podría organizar sesiones mensuales de «experimentación y compartición» que inviten al profesorado a presentar casos de uso reales. En un entorno corporativo, los equipos de Formación y Desarrollo podrían lanzar retos internos a su propio ritmo que animen al personal a aplicar la IA generativa a alguna parte de su flujo de trabajo.
Este tipo de espacios colaborativos de bajo riesgo no requieren grandes recursos, solo tiempo y confianza. Señalan que la curiosidad no solo es bienvenida, sino también apoyada. Y hacen que la exploración se sienta accesible en lugar de intimidante.

Cuando los líderes modelan la curiosidad —haciendo preguntas abiertas, compartiendo lo que están aprendiendo e incluso mostrando borradores preliminares de sus propios experimentos de IA—, indican que la exploración no solo está permitida, sino que se fomenta.
Ese tipo de cultura abre la puerta a la creatividad, reduce la resistencia y genera confianza. Y cuando las personas se sienten lo suficientemente seguras como para preguntarse «¿Qué pasaría si…?», a menudo descubren nuevas formas de trabajar, enseñar y aprender que nunca imaginaron.
La innovación funciona mejor cuando está alineada con la misión.
El debate sobre la IA avanza rápidamente. Cada semana aparecen nuevas herramientas. Pero que algo sea nuevo no significa que sea necesario.
Las mejores innovaciones no se basan en la publicidad exagerada. Se basan en un propósito.
He visto a organizaciones detenerse antes de implementar una herramienta para preguntarse: ¿Qué intentamos mejorar? ¿Qué necesitan realmente nuestros alumnos o equipos? ¿Cómo mediremos el progreso y cómo sabremos que está funcionando?
A veces, esto conduce a avances emocionantes. Por ejemplo, un equipo de Formación y Desarrollo utiliza IA para personalizar la incorporación de nuevos empleados, mejorando la relevancia y la participación desde el primer día. Una universidad utiliza transcripción y traducción asistidas por IA para que el contenido de los cursos sea más accesible para estudiantes multilingües. Un distrito escolar explora herramientas de IA para reducir la carga administrativa y liberar tiempo del profesorado para una enseñanza más profunda.
Pero a veces, esto conduce a un tipo de claridad diferente: darse cuenta de que una herramienta propuesta no respalda realmente la misión, o que no es el momento adecuado.
Eso también es liderazgo.
La innovación alineada con la misión no significa aceptar todas las oportunidades. Significa tomar decisiones basadas en la estrategia, no en la urgencia. Pilotar con un propósito. Aprender sobre la marcha. Escalar solo cuando el valor sea evidente.
Cuando la IA se convierte en una herramienta al servicio de tus objetivos, no en un objetivo en sí misma, tiene el potencial de transformar verdaderamente.
Los mejores líderes de IA hoy en día lideran como aprendices.
He participado en conversaciones donde líderes sénior admitieron abiertamente que no estaban seguros de cómo abordar la IA, pero estaban comprometidos con el aprendizaje. Y esa honestidad permitió que otros dijeran: «Yo también».
Liderar en este momento no significa ser el experto en la sala. Significa plantear mejores preguntas. Crear espacio para la exploración compartida. Y conectar puntos entre departamentos, roles y sectores.
Los líderes de educación primaria y secundaria están reflexionando sobre la ciudadanía digital y cómo preparar a los estudiantes para un futuro moldeado por la IA. El profesorado de educación superior está lidiando con la forma de evaluar el aprendizaje priorizando el pensamiento crítico. Los equipos de aprendizaje corporativo están evaluando cómo la IA puede mejorar, y no diluir, la conexión humana en las iniciativas de capacitación y reciclaje profesional.
Cada uno de estos grupos tiene información que ofrecer. Y todos nos beneficiamos cuando esa información se comparte, no de forma aislada, sino en comunidad.
El liderazgo en la era de la IA requiere humildad, adaptabilidad y un profundo compromiso con el crecimiento junto con el equipo.
Primero la cultura, luego las herramientas
La IA está transformando el panorama del aprendizaje, pero su éxito depende de cómo nos posicionemos como líderes.
No se trata solo de un momento de adopción tecnológica. Es un momento cultural.
Cuando lideramos con confianza, fomentamos la curiosidad y nos mantenemos alineados con el propósito, creamos un espacio para que la IA potencie, y no disminuya, el lado humano del aprendizaje.
Esa es la oportunidad. Y la responsabilidad.
Artículo traducido. Puedes leer el original aquí https://onlinelearningconsortium.org/olc-insights/2025/04/culture-first-then-ai/
